domingo, 17 de febrero de 2008

BITÁCORAS Y LIBROS. CRÓNICA PERSONAL:

La quedada del viernes fue justo lo que me había recetado el doctor: Hacía tiempo que no me reía tanto.

La noche empezó para mí con una caipiriña disfrazada y un patinazo de órdago (menos mal que Anna es comprensiva) Esta vez fue numerosa la asistencia de nuevos contertulios, pero gracias a la necesaria labor de comando en busca de mesas y sillas, enseguida comprendimos que habíamos nacido para formar equipo.

Después de la habitual ronda de presentaciones, en la que además de poner nombre a las nuevas caras aprendimos el significado de vocablos como "alcorque" (cerco de cemento que bordea el espacio reservado en las aceras para plantar árboles), partimos hacia el Eucaliptus, donde compartí ensalada con Letras de arena y Musa Rella (lo de voluptuosa, bueno, pero lo de gorda, ¿que queréis que os diga?: Da carácter, ¡pero joroba!).

Durante la cena, como siempre pasa, la conversación se fragmento ligeramente en los dos extremos de la mesa -cosa lógica:éramos catorce- pero puedo dar fe de que en todas partes fue brillante y animada, solo interrumpida a intervalos por el acto de masticar. En mi zona, terminamos compartiendo anécdotas sobre nuestros vecinos con Nevermore, Nacho y El listo. Mientras tanto, Rosa, la lectora por definición, tomaba nota de nuestras direcciones para ampliar su catálogo personal.

A los postres, llegó el momento solemne: Palimp nos leyó, con gran eficiencia y profesionalidad (¡hay que ver como sabe proyectar la voz este hombre!) nuestros propios secretos inconfesables -¡Huyhuyhuy-. Si queréis descubrir la esencia de los integrantes de Bitácoras y Libros, aquí los tenéis todos.

Cuando nos echaron del Eucaliptus, y ya con algunas sentidas bajas (con Ferràn aun llegué a cambiar alguna palabra, pero también me hubiera gustado hablar con frikitecaris y con Sfer), fuimos a tomar una copa: Esta vez, el vodka fue descarado. La conversación, algo más recatada -tampoco vayáis a pensar que somos unos crápulas- pero tuvo su regusto confidencial... ¡He dicho confidencial!, así que no voy a contárosla.

De vuelta a casa, y para que no se diga, aun tuvimos tiempo de discutir sobre el valor de la crítica y sobre la elegancia en el lenguaje. Según Vigo, entusiasta del tema, parece ser que no es mi fuerte. Bueno, que se le va a hacer. Seguiremos intentándolo.

En fin, una noche completa. El sábado me lo pase bostezando y frotándome los párpados como un bebé. Pero puedo decir que mereció la pena. Al fin y al cabo, las voluptuosas impenitentes como la que esto escribe necesitamos de estos ceremoniales de vez en cuando...

¡¡¡Genio y figura hasta la sepultura!!!

8 comentarios:

Palimp dijo...

No te digo como pasé yo el sábado por la mañana pero ¡mereció la pena! Un abrazo.

C. Martín dijo...

Yo necesitaría más recetas de estas un poco más a menudo, qué bien se pasa cuando se pasa bien.
un beso

sfer dijo...

A ver si la próxima vez coincide que no me toque trabajar el próximo sábado y puedo quedarme un rato más... o simplemente durante la cena no nos sentamos cada una en un extremo de la mesa!! Abrazos, y hasta la próxima :-)

Cristina dijo...

Sí, una lástima que estuviéramos tan lejos en la mesa :( La próxima sin falta ;)

Las3Musas dijo...

Excelente crónica de un secreto anunciado.

:)
abrazos!
musa

letras de arena dijo...

Buenísima crónica. Todas las que he leído me han gustado mucho y se complementan muy bien. Qué bueno es reírse y conocer nuevos amigos con los mismos intereses.
Un abrazo.

Vigo dijo...

Debe ser que trabajé unos cuantos años en los departamentos de Calidad de varias empresas, y se excedieron inculcándome de alguna manera el concepto de excelencia.

Tu prosa es más o menos igual que la mía. Pero hay niveles a los que yo al menos, me temo que nunca podré llegar.
¿te acuerdas que te hablé de Olga Orozco? Aquí va un poema suyo, ahora no me importa la sonoridad, ni la rima. Sólo la belleza de las palabras... eso me fascina. De todas maneras escribir necesita de mucha práctica, así que es bueno que siempre sigamos aprendiendo.
Un abrazo.
V.

CON ESTA BOCA, EN ESTE MUNDO...
Olga Orozco

No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.

Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.

Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.

¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.
Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?

Enrique Páez dijo...

Me hubiera gustado ir, Frida. Lástima.
Abrazos,