jueves, 3 de mayo de 2007

CAPERUCITA ROJA



Al verdadero héroe se le reconoce por el defecto trágico. Decía Aristóteles que esa tara, física o moral, era lo que lo convertía en humano. Solía ser la soberbia, la creencia de estar a la altura de los dioses, lo que lo conducía a la locura y la muerte.

Eso los héroes. Porque en las heroínas el defecto trágico suele ser la confianza. Esa fe en la bondad intrínseca de todo ser humano la lleva a desoír los consejos enredados en la cháchara cansina de las viejas.

Blancanieves muerde la manzana que le da una desconocida; la Bella Durmiente toca el huso de una rueca, aparato del que ni siquiera había oído hablar; la Caperucita roja responde educadamente a las preguntas del lobo, haciéndonos pensar que es tonta o quiere algo con él. Y encima, en vez de cumplir estrictamente las órdenes de la señorita Rottemmeier, se entretiene jugando sola por el bosque.

Claro que las heroínas de los cuentos normalmente preferidos por los niños son de otra pasta. En el Gato con Botas o el Sastrecillo Valiente las princesas solo aparecen para recompensar con su mano, su dote y una graciosa sonrisa de aquiescencia al galán que la ha obtenido en más o menos leal duelo.

Son perfectas. Sólo en eso se reconoce que son falsas heroínas. Carecen de defecto trágico. En cambio, mi querida Caperucita, con todos sus defectos, tiene todo un mundo alrededor, su vida está llena de emociones y su encanto transciende lo meramente contractual. Es la verdadera protagonista de su propia historia.

A mí también me gustaría serlo de la mía. Por eso asumo mi defecto trágico y sigo confiando. Eso, al menos, me aleja del miedo.

La Caperucita, igual que el lobo, no puede contrariar su propia esencia ni dejar de ser quién es.

1 comentario:

kasi_siempre dijo...

Ahhh... la Caperucita. Veo que te alineas con las perdedoras, como yo. Te gustan las heroínas redondas, las que transmiten emociones aunque sea a costa de ser fagocitadas por algún lobo desaprensivo. Normalmente es lo que ocurre cuando se ponen los sentimientos sobre el tapete, que alguien se los acaba merendando a la voz de "qué boca más hermosa tienes...es para comerte mejoooor".
Besi. :)