jueves, 9 de agosto de 2007

AMARGA LIBERTAD



Las llamadas “marcas de expresión”, esos surcos profundos alrededor la boca que aparecen con el paso del tiempo, no son más que el reflejo de la emoción profunda que domina nuestro espíritu durante la mayor parte de nuestra vida. La que se asoma a nuestra cara cuando estamos a solas con nosotros mismos.

Nuestro rostro, a los veinte años, es como una pizarra en la que dibujamos fácilmente el llanto o la sonrisa que nos pida el momento, para borrarla con la misma facilidad cuando creemos que nadie nos observa.

Al llegar a la vejez, sin embargo, está grabado con el dolor de toda una vida, la felicidad del conformismo, la serenidad del que sabe lo que le espera o la amargura de quién nunca ha podido escapar de la esclavitud en que nació…

2 comentarios:

Fran dijo...

¡Fantástica entrada! Bueno, dicen que la cara es el espejo del alma, ¿no? Me ha gustado mucho descubrir a esta mujer tan anacrónica, aunque pienso que definirla sería muy trivial.

Gracias por visitarme, comentarme y ponerme como vínculo en tu blog.

Un besazo.

kasi_siempre dijo...

Es verdad que el tiempo va escribiendo en nuestro rostro todas aquellas vicisitudes por las que vamos atravesando. Las personas buenas, cuando llegan a viejas, suelen tener un gesto plácido y sereno, como si las arrugas no fueran otra cosa que los dibujos que trazamos sobre arena mojada... parecen arrugas, pero en realidad, cuando las miras por segunda vez, después de ser bañadas por una ola, ya no lo son.

Me encanta teneros a mano -a pesar de estar más lejos o más cerca- y saber que todos vosotros estáis ahí cada día.
Un besote fuerte, Frida.