viernes, 23 de febrero de 2007

CARNAVAL

Ya ha terminado el Carnaval, las fiestas de las máscaras, del juego de quién es quién en el ambiente más desmelenado posible. Son fiestas muy antiguas, entroncan con muchas fiestas paganas y por eso siempre han sido demonizadas por la Iglesia.

Por eso, y por esa ansia que tiene el poder de prohibir todo lo que a uno le pide el cuerpo. Y es que, en está época, el cuerpo nos pide marcha. Después del triste calor de la navidad, los primeros fríos realmente fuertes de este año que comienza nos han dejado encogidos y entumecidos, y no se cómo, sabemos que no lograremos sacudirnos la empanada hasta que nos corramos una buena juerga.

Un punto de alcohol, lo suficiente para que en nuestros ojos brillen la alegría y la camaradería universal. Más podría ser perjudicial. Sobre todo a la hora de bailar. Y bailar… ¡Ah, bailar es divino! Sobre todo, cuando apenas puedes moverte entre una multitud que intenta hacer lo mismo que tú. Entonces, imitar a Shakira (por mal que lo hagas) puede hacerte sentir la mujer más bella y sensual del mundo.

Hacerte sentir lo que no eres. Esa es la esencia del Carnaval, lo que lo distingue de otras fiestas. Quizá estos primeros meses del año, que uno empieza comiendo uvas y haciéndose buenos propósitos, sean también la hora de reflexionar sobre nosotros mismos. ¿Qué hay en nosotros que desconocemos?

Quizá por eso, necesitamos adoptar otra identidad por unas horas. Una que nos guste, que nos haga ilusión, que creemos que nos va bien. O una que nos fascina por todo lo contrario: porque sabemos que nunca la vamos a comprender.




1 comentario:

La Mascara dijo...

Hay algo mejor que una buena juerga?..........