lunes, 10 de marzo de 2008

CELEBRACIÓN

Hay un español que quiere

vivir, y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.


















La vida empieza de nuevo todos los días. Y justo cuando alguien moría de una forma absurda, de la que es mejor no hablar para no entrar en un juego indeseable, nacían muchos otros que algún día ocuparán nuestro lugar. Entre ellos, mi primer sobrino-nieto, Adrián, un niño precioso, de dedos largos y pelo rubio.



Al ver a su madre en el hospital, cuando fui a verle, me acordé de mí misma cuando nació mi primer hijo, que ayer mismo (solo dos días después de nacer Adrián) cumplió 23 años. Ha pasado toda una vida pero aún recuerdo que, cuando le acaricié la carita, mientras él me miraba fijamente con los ojos muy abiertos, todo mi cuerpo vibró. ¡Mi niño! Era tan pequeñito... ¡¡¡Y ahora es enorme!!! La gran prueba del paso del tiempo.



Los cambios que vemos en el espejo, lo mismo que los que se producen a nuestro alrededor, en la geografía urbana y en los acontecimientos sociales, son tan paulatinos que apenas los notamos. Por eso a menudo creemos que, aunque con algo de barriguita, en el fondo seguimos siendo unos jóvenes rebeldes; pero cuando nos encontramos llamando "los niños" a unos tíos como castillos nos damos cuenta de que el futuro ya está aquí. Al menos, algunos. Porque otros siguen sin caer del guindo.

Las cosas son siempre iguales. Algo cambia para que nada cambie. Y hay que asumir ese cambio que nos hace permanecer. Las modas son otras, los gustos son otros, las metrópolis se desplazan, la vida se descubre otra vez. Y es una tontería decir que las nuevas costumbres son sólo "cosas de niños". Las "cosas de niños" son el futuro.

Hace veinte o treinta años era impensable que una señora de 40-50 años llevara tejanos. Hoy en día es lo normal. Y eso tiene una explicación muy sencilla: esas señoras de hoy eran las jovencitas progres de entonces y, como es lógico, siguen vistiendo como han vestido toda su vida. Lo absurdo es que empezaran a vestirse como lo hacían sus madres. De manera que lo normal es que dentro de veinte o treinta años los cincuentones lleven piercings y tatuajes como lo más normal del mundo y eso no será ningún símbolo de modernidad.

Algo tan evidente no parece ser comprendido por todo el mundo. Todavía hay muchas voces que se niegan a aceptar lo evidente y se empeñan en mantener que los criterios de otra época -la suya- son los correctos.

Me refiero a la polémica suscitada con la elección del Chiki-chiki para Eurovisión. Tengo que decir que solo por ver la cara que se le ha quedado a Uribarri ya ha merecido la pena. ¿Pero todavía no se ha dado cuenta ese señor de que ya no estamos en los años 60?

Hoy en día ningún cantante que se precie, al menos en los países del oeste de Europa, querría ir a Eurovisión. Todos están concentrados en acceder al mercado americano, que es tanto como decir universal. Y las promociones se hacen por video-clips y grandes giras, no en festivales. Por eso, todas las canciones que se presentaban eran bastante malas, para que nos vamos a engañar. Además, está la tan cacareada ampliación a los países del este (estos sí que deben estar como nosotros en los 60), que ya sabemos que se votan entre ellos, lo que me parece normal porque tienen una estética más parecida. También nosotros le votamos siempre a los ingleses y a los franceses. Incluso a los portugueses.

Entonces, ¿a qué viene eso de ponerse tan serios, cómo si estuviéramos tratando de algo trascendental? "Hay que elegir la mejor voz, la mejor puesta en escena, etc, etc" Vamos a ver, señores expertos, si hace treinta años que seguimos esos criterios, impuestos por ustedes, y no ganamos... Por algo será, ¿no?... ¿No se dan cuenta de que se están quedando un poco pasados de moda? ¿No se dan cuenta de que todo el mundo a su alrededor es un niño?

Bueno, pues ahora tampoco vamos a ganar. Entre otras cosas porque ni los turcos, ni los serbios, ni los ucranianos, ni etc, etc, van a entender nada, pero al menos, ¡nos reiremos!

En fin, ¿para qué seguir? En realidad, es una tontería. Pero estoy satisfecha con el resultado de las votaciones de este fin de semana. Porque, aunque sigue habiendo dos Españas, parece ser que la que de momento sigue llevando el timón es la España alegre, con sentido del humor. La que tiene ganas de cambiar las cosas para mejor.

Así que vamos a ser optimistas y a soñar que a Adrián, a lo mejor, nadie le helará el corazón.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena, Gloria. Ver a Adrián me ha traído también recuerdos maravillosos. Mi peque ya tiene tres años y medio, ja,ja.
Que nos queda ya muy poquito para conocernos...
Besos,
Anabel

Palimp dijo...

Felicidades, muchas, muchas -ahora estoy yo muy tierno con estas cosas-.

En el resto del artículo ¡Que razón tienes! Yo también estoy muy contento con el resultado de las elecciones del fin de semana :) ¡Perrea, perrea!

El último peatón dijo...

Felicidades por el nuevo alumbramiento, por el Chikilikuatre y porque siga triunfando el optimismo sobre la crispación.

letras de arena dijo...

Muchas felicidades por tu sobrinito-nieto Adrián, que es un solete. Y muchas felicidades también para todos los que queremos esa España optimista.

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